La bancarización en Cuba ha tropezado menos por falta de reglas y más por la resistencia de algunos negocios a aplicar correctamente lo dispuesto. En la práctica, muchos clientes todavía encuentran obstáculos para pagar por vía electrónica, cuando esa debería ser una opción normal y cómoda.
Lo que sucede en no pocos establecimientos es sencillo: ponen límites arbitrarios, condicionan el uso del QR, exigen montos mínimos o directamente niegan el pago digital. Y todo eso termina afectando al consumidor, que solo quiere adquirir un producto o recibir un servicio sin mayores complicaciones.
La idea de la bancarización fue ordenar mejor la economía, reducir el uso del efectivo y dar más transparencia a las operaciones. Pero mientras cada negocio invente sus propias reglas, ese propósito seguirá quedando a medio camino.
A eso se suma otra realidad: cuando el cliente no puede pagar como debe, también se generan colas, molestias y desconfianza. Al final, lo que debía facilitar la compra termina convirtiéndose en un nuevo obstáculo para la vida cotidiana.
Por eso, más que seguir hablando de lo que está escrito, lo que hace falta es cumplirlo. La bancarización solo será útil de verdad cuando el cliente pueda pagar como corresponde, sin trabas ni excusas.
