El Día de África, que se celebra cada 25 de mayo, constituye una fecha para volver la mirada hacia un continente al que la historia no le ha regalado caminos fáciles, pero sí una profunda capacidad de resistencia, dignidad y renovación.
Hablar de África es hablar de pueblos que supieron sobrevivir a la esclavitud, al colonialismo y a múltiples formas de dominación, sin renunciar jamás a su identidad.
En esta jornada, el homenaje no debe quedarse en la evocación. África es también presente, es nación en construcción, y una riqueza humana que muchas veces ha sido subestimada por visiones ajenas a su verdadera dimensión.
Para Cuba, África no es un tema distante ni meramente académico. Es parte de la raíz misma de nuestra identidad nacional. En la música, en la religión, en la forma de ser y de sentir del cubano laten huellas profundas de ese legado. Por eso, recordar a África es también reconocernos a nosotros mismos.
La historia de amistad entre Cuba y los pueblos africanos ha estado marcada por la solidaridad y por luchas compartidas. Allí donde fue necesario apoyar causas justas, Cuba estuvo presente.
Hoy, cuando el mundo enfrenta viejas y nuevas desigualdades, ese continente continúa reclamando su lugar con voz propia. Y ese reclamo merece ser escuchado con justicia, respeto y gratitud. África no es solo pasado: es memoria viva, es esperanza y es porvenir.
