Hace 34 años, Chávez dirigió la sublevación cívico-militar que trazó el destino de la Revolución Bolivariana. El 4 de febrero de 1992 (4F) «partió en dos la historia venezolana», y de allí «brotó la patria. En verdad, el país se estaba hundiendo. Y la juventud militar no podía soportar aquel naufragio».
Así lo reconoció más tarde, en conversación con Ignacio Ramonet, el joven teniente coronel que dirigió la que luego sería conocida como la sublevación militar más grande de la Venezuela del siglo pasado.
Sabían, los hombres bajo su mando, que se trataba de una operación arriesgada, «de audacia, incluso temeraria». Sin embargo, ningún soldado quiso quedarse detrás. No los impulsaban motivos personales. «La principal razón que nos movía era eso: la pobreza del pueblo en los barrios, en los cerros, en los campos. Nos sentíamos soldados de un pueblo y no cancerberos al servicio de la oligarquía y de sus gringos».
El alzamiento no cumplió «por ahora» los objetivos «trazados a nivel nacional». De esa manera lo reconoció en vivo, frente a las cámaras, y en poco más de un minuto, aquel valiente que asumió «pública y personalmente la responsabilidad de la rebelión y de su fracaso».
Desde la sede del Ministerio de Defensa, en Fuerte Tiuna, Hugo Chávez –arrestado– le habló a Venezuela. No era, hasta entonces, una figura conocida en la vida pública de la nación sudamericana. No obstante, desde el momento mismo de su alocución, pasó a ser la esperanza del bravo pueblo. «Inconscientemente significaba que volveríamos».
Deponer las armas no era equivalente a que terminaba la rebelión cívico-militar, sino que marcó el compromiso de hombres de bien con el futuro de la Patria. «Aunque nuestro alzamiento militar no logró su objetivo, favoreció el despertar del pueblo».
Los derroteros de la Revolución Bolivariana tuvieron en el 4f un cambio radical. La férrea convicción de los venezolanos de deshacerse de las cadenas de la opresión puntofijista se hizo palpable en lo adelante: mientras los medios intentaban «enterrar» la figura del líder, surgió el llamado «mito Chávez», apareció en los carnavales el disfraz de Chavito, la conciencia revolucionaria se hizo colectiva, la opresión se desmoronaba, y otro estallido comenzó a gestarse.
Tomado del Periódico Granma
