🎧 Escúchenos en audio real

Más allá del ruido digital: claves para entender la guerra contra Cuba

Compartir en

Mientras el mundo concentra su mirada en otros conflictos, Cuba se ha convertido en el escenario de una ofensiva comunicacional sin precedentes. Ojo, no hablamos de una invasión al estilo del siglo pasado; esto es más sutil, y quizá por eso más peligroso. Es una guerra diseñada para moldear percepciones, sembrar dudas, fabricar realidades.

Tres técnicas, básicamente, se aplican con precisión quirúrgica contra la Isla: el framing (encuadre), la agenda setting (establecimiento de la agenda) y el gaslighting (sembrar la duda), con el objetivo de contaminar a la opinión pública mundial, pero también, y esto es clave, intentar quebrar desde dentro la resistencia del pueblo cubano.

Pongámonos en contexto. A finales de enero de 2026, el Gobierno de Estados Unidos emitió una Orden Ejecutiva, en ella declaraba a Cuba «amenaza inusual y extraordinaria».

Sobre ese telón de fondo, entre el 1ro. y el 15 de febrero se desató una feroz campaña digital cargada de llamados a la violencia y a la desobediencia civil. Según el Observatorio de Medios de Cubadebate, la operación hizo mucho ruido, pero no logró movilización real dentro del país.

Analicemos, entonces, cómo operan esas tres técnicas. La teoría del framing de George Lakoff nos enseña que quien define el marco, gana el debate. En la ofensiva actual contra Cuba, ese encuadre es nítido y responde a una estrategia deliberada.

A nivel internacional, esa Orden Ejecutiva no es una simple medida administrativa. Es, en sí misma, una operación de framing mayúscula. Al calificar a Cuba de «amenaza inusual y extraordinaria», al asociarla con Hamás, Hezbolá, China y Rusia, se activa un marco mental ya preexistente en el imaginario occidental. El del «eje del mal», la «amenaza terrorista», el «peligro geopolítico».

Como señala acertadamente The Black Alliance for Peace, esa retórica «refleja las narrativas deshumanizadoras utilizadas contra Venezuela e Irán». Y tiene un propósito muy concreto: «fabricar el consentimiento para la agresión al presentar a Cuba como un actor maligno».

El framing funciona, no discute los hechos concretos, no entra a debatir la política exterior independiente de Cuba, ni su solidaridad internacionalista, no. Lo que hace es recolocarlo todo dentro de una historia más grande, más fácil de digerir: la de la «guerra contra el terror» y la «contención de China».

A nivel interno, el encuadre busca instalar la idea de que la solución a los problemas económicos y sociales no pasa por el esfuerzo colectivo y la resistencia, sino por la ruptura violenta, la intervención extranjera para lograr el «cambio de régimen».

Se enmarca la realidad cubana como un callejón sin salida del que solo se puede escapar mediante el colapso, negando así las múltiples formas de resistencia cotidiana, los principios, la institucionalidad revolucionaria y organización comunitaria que mantienen viva la nación.

DECIDIR DE QUÉ SE HABLA (Y DE QUÉ NO)

La teoría de McCombs y Shaw al respecto de la agenda setting nos recuerda que los medios no nos dicen qué pensar, sino sobre qué pensar. En lo que va del año 2026, hemos visto un claro esfuerzo por imponer una agenda que centre el debate en el derrumbe, la violencia y el caos.

El informe del Observatorio de Cubadebate documenta cómo las campañas analizadas buscan crear una sensación de caída inminente. La estrategia es clásica: repetir insistentemente que «Cuba arde», que «el pueblo se levanta», que «el fin está cerca».

Mientras, los medios internacionales y las redes sociales, al amplificar estos mensajes, logran que la agenda pública global sobre Cuba sea esa: la inestabilidad, la crisis, la inminente explosión social.

Sin embargo –y aquí hay un matiz de peso–, el propio informe concluye que, pese al ruido, ninguna de esas convocatorias logró traducirse en una movilización real dentro del país.

La brecha es reveladora entre la agenda mediática y la realidad material. Esa distancia es la prueba del fracaso de esta técnica para movilizar. Pero, ojo: no para intoxicar.

De hecho, el Observatorio habla de un «bucle de retroalimentación mediática» que funciona así: se diseña contenido fácilmente denunciable, lo suficientemente provocador como para que las autoridades o los medios lo reproduzcan; al reproducirlo, le otorgan legitimidad y alcance algorítmico.

Así, una publicación marginal, nacida en una cueva digital, se convierte en asunto público. La agenda se distorsiona. Terminamos hablando de lo que ellos quieren, no de lo que realmente ocurre.

HACER DUDAR AL CUBANO DE SU PROPIA REALIDAD

Llegamos a la más perversa de las tres: el gaslighting. Este no opera en la superficie, sino a nivel sicológico profundo. Su objetivo no es convencer. Es hacer dudar a la víctima de sus propias percepciones.

En el contexto cubano actual, esa manipulación se manifiesta de formas sutiles pero devastadoras. Porque la guerra cognitiva contemporánea no siempre apunta a provocar una explosión inmediata, su objetivo es más básico: sembrar la duda. Inducir ansiedad colectiva.

Preparar el terreno para narrativas que, más adelante, legitimen presiones diplomáticas o intervenciones externas. Esa «erosión de la confianza» es la esencia del gaslighting.

El cubano que enfrenta dificultades económicas reales, fruto de la guerra económica, al mismo tiempo, recibe una avalancha de mensajes que le dicen: «tu Gobierno te miente». «La Revolución ha fracasado». «Todo está peor de lo que crees». Empieza a preguntarse: «¿Será que lo que vivo no es real? ¿Será que me están ocultando la verdad?».

Así, este mecanismo de manipulación colectiva opera negando la legitimidad de las experiencias compartidas. Se les dice a las personas, en esencia, que lo que ellos sienten y viven no es verdad, que están equivocados, que deberían pensar de otra manera.

El mito de la caverna de Platón adquiere aquí una dimensión trágica y esperanzadora a la vez. Los manipuladores pretenden que los cubanos sigan mirando las sombras que ellos proyectan en la pared: sombras de violencia, de caos, de desesperanza.

Pero la realidad –la de los barrios, la de las comunidades, la de la resistencia cotidiana– sigue ahí fuera, iluminada por el sol, ninguna campaña de manipulación podrá con Cuba, con su historia, con su gente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *