Atraída por la anécdota de una compañera de trabajo llegué a César García Pino, un pequeño cienfueguero de solo 8 años de edad, que lo apasiona la siembra de vegetales, el cuidado de los animales, la tierra y hacerla producir.
Él vive en Paraíso, con su familia, y en sus ratos libres después de regresar de la escuela y hacer sus tareas siempre va al patio y se concentra en labores agrícolas que requieren incluso de conocimientos.
César te impresiona desde que lo ves, y no precisamente porque sea de complexión fuerte, sino por la bondad de sus ojos, por su educación, modales y su talento casi innato.
Sueños, esperanzas, preferencias y derechos. A los niños debemos respetarle siempre, conseguir su felicidad.
Y es lo que hace Evelyn Pino Bermúdez, su mamá que está tranquila y segura porque ya el primero de sus dos pequeños tiene una vocación definida.
Todos los que conocen a César quedan rendidos ante sus cualidades y casi pueden adivinar un futuro profesional relacionado con la vida del campo, con animales. Sus habilidades se extienden a las artes manuales, desde tres años de edad moldeaba miniaturas de animales.
Miriam Ruiz Navarro, es una de las vecinas del pequeño que también desborda atenciones con las personas mayores y claro que para ella resulta halagador.
En la honestidad de mi mensaje no puede faltar que César es un infante cienfueguero lleno de virtudes, de una inteligencia increíble, de palabras que transmiten paz, alegría, que te traen a la mente la máxima martiana muy empleada en los tiempos actuales, si el hombre sirve, la tierra sirve, y ya este futuro jovencito la hace valer.
Es la meta de quien quiera dedicarse a la labranza de la tierra.
