Un equipo científico internacional liderado por el Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos (CEAC), con la participación de los laboratorios de Medio Ambiente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en Mónaco, ha completado una investigación que reconstruye 238 años de historia ambiental en el norte de Cuba.
El estudio analiza las huellas químicas preservadas en el esqueleto de los corales para evaluar cómo la actividad humana y las transformaciones en el uso de la tierra han impactado los ecosistemas marinos a lo largo de más de dos siglos.
Según explicó Maikel Hernández Núñez, comunicador institucional del CEAC, el proyecto contó con una amplia colaboración interinstitucional, que integró a especialistas del Refugio de Fauna Cayo Santa María de Villa Clara, la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco de México, el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, entre otros centros académicos.
Para llevar a cabo el hallazgo, el equipo utilizó la relación geoquímica entre el bario y el calcio en esqueletos de coral de la especie Porites, empleándolos como auténticas “cápsulas del tiempo”. Este indicador permitió rastrear de forma precisa la entrada de sedimentos e influencias terrígenas en las aguas costeras desde finales del siglo XVIII hasta el presente.
Los resultados demuestran un aumento progresivo en la llegada de material terrígeno hacia las zonas arrecifales, un fenómeno estrechamente vinculado con procesos históricos de deforestación, expansión agrícola y cambios en el uso del suelo en el norte del archipiélago cubano. Este aporte de sedimentos representa uno de los factores de estrés más relevantes para la salud y la supervivencia de los arrecifes de coral en la región.
La investigación se desarrolló en el marco de los proyectos regionales de cooperación técnica del OIEA “Fortalecimiento de la vigilancia y respuesta regional para entornos marinos y costeros sostenibles” y “Fortalecimiento de capacidades en ambientes marinos y costeros mediante el uso de técnicas nucleares e isotópicas”, ambos parte de la Red de Investigación de Estresores Marinos-Costeros en Latinoamérica y el Caribe (REMARCO).
