De muros, distancias y amor
317 es un número que hoy detesto como nunca. 317 es, prácticamente, 50 veces la distancia de La Habana a Hanoi desde donde una amiga habla a diario con su esposo, que vive en La Habana después de casi dos años sin verse. 317 es también una distancia irrisoria: la que separa a la capital de Trinidad, esa ciudad espirituana a la que distinguen calles de piedra y casas coloniales. Allá, a 317 kilómetros, vive él.
