Mujeres cienfuegueras: empoderamiento y hazañas en los Centroamericanos

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La vigésimo quinta edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, con sede en Santo Domingo, República Dominicana, contó con una delegación cienfueguera de 23 atletas, con una participación prácticamente equilibrada entre mujeres y hombres. La cosecha total para el territorio ascendió a doce preseas: dos de oro, cuatro de plata y seis de bronce.

En el reparto de los metales dorados, ambos sexos obtuvieron una cada uno, y una paridad similar se reflejó en las platas y bronces.

Sin embargo, más allá del balance cuantitativo —alentador para Cienfuegos y para Cuba—, lo que realmente marcó la justa fueron las actuaciones individuales de varias deportistas cienfuegueras, que trascendieron el resultado deportivo para convertirse en símbolos de entrega, resistencia y superación.

Roxana Gómez: correr bajo la lluvia y frente a una estrella

Pocas pruebas concentraron tanta emoción como los 400 metros planos femeninos. Allí, la cienfueguera Roxana Gómez Calderón midió fuerzas con la dominicana Marileidy Paulino, una de las figuras mundiales de la especialidad. Bajo una lluvia torrencial que parecía querer borrar la pista, Roxana no se amilanó y registró 49 segundos y 49 centésimas, una marca de altísimo nivel que, si bien no le otorgó el oro, le valió el respeto de propios y extraños y demostró que el talento cubano sigue vigente en el atletismo regional.

Kailin Garrido: arena, garra y experiencia

En el voleibol de playa femenino, la dupla cubana integrada por la cienfueguera Kailin Garrido y la santiaguera Maikelin Drik protagonizó una actuación digna de aplauso. Aunque cayeron ante la pareja boricua, vigente campeona de la versión precedente, las antillanas mostraron crecimiento táctico, compenetración y carácter, y dejaron claro que el relevo en esta disciplina tiene nombre y apellido cubano.

Marifélix Sarria: la hazaña del envión y la medalla 51

Pero si hay una historia que condensa el espíritu de la mujer cienfueguera, es la de Marifélix Sarria, halterista de peso completo que cargó sobre sus hombros —literalmente— la responsabilidad de mantener a Cuba en el tercer lugar del medallero.

Consciente de que su presea representaba la número 51 para la delegación antillana y de que era imprescindible para asegurar el podio por países, Marifélix vivió un arranque de infarto: falló sus dos intentos en la modalidad de arranque con 110 y 111 kilogramos. Pero lejos de venirse abajo, en el envión mostró una fortaleza mental extraordinaria. En su primer intento levantó 150 kilogramos; en el segundo, 153; y ya con la medalla asegurada, pidió 163 kilogramos para el tercer lanzamiento, una marca que igualaba el peso de su división en el último campeonato mundial.

Las gestas de Roxana, Kailin y Marifélix, junto a las de tantas otras cienfuegueras que compitieron en Santo Domingo, no son hechos aislados. Son el reflejo de un proceso de empoderamiento que atraviesa el deporte y se extiende a la vida cotidiana. La mujer de Cienfuegos demuestra, una vez más, que su lugar está en todas partes: en la pista, en la arena, en el podio y en el corazón de un pueblo que la respalda y la admira.

Porque cuando una cienfueguera compite, no lo hace sola. Lleva consigo la historia de una provincia que cree en su fuerza y el futuro de un país que sigue escribiendo sus mejores páginas con ellas como protagonistas.

Tomado del Telecentro Perlavisión

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