26 de octubre de 2021
Nunca habrá soledad para ti

Nunca habrá soledad para ti

Este libro es una historia de amor. Del más puro y natural de los amores. Mirta Rodríguez y su hijo Antonio Guerrero lo hicieron sin proponérselo. Ellos sólo escribían uno para el otro, con la esperanza de auxiliarse mutuamente, durante los 17 meses que Tony permaneció en el «hueco» (celda de aislamiento), del Centro Federal de Detenciones de Miami, como sus otros cuatro compañeros de causa: los hoy legendarios Cinco de Cuba.

El mayor mérito de este libro es su autenticidad. No fue escrito a posteriori, inspirado en recuerdos y vivencias. Es una narrativa directa, viva, de los angustiosos momentos que vivieron los Cinco y sus familias cuando aún no eran Los Cinco, sino apenas algunas malas fotos y muchas mentiras en los medios impresos y audiovisuales del sur de La Florida.

Allí estaba el odio persiguiéndolos, exigiendo revancha y castigo de parte de una jauría humana alimentada por los eternos frustrados del sueño americano que está dispuesta a devorar a todos los que no caen rendidos a los pies del imperio y su poderoso y deslumbrante mercado.

Los acusaban de falsos delitos con el único propósito de apuntar al corazón de Cuba, a su gobierno, a sus líderes, de castigar a la Isla Rebelde, donde los dignos siguen siendo mayoría.

Intentaban quebrar la dignidad de 5 hombres para justificar los viejos planes de invadir, ocupar, arrasar, con el ejemplo de una nación entera. Pero no pudieron. El  Imperio no puede contra los resistentes. La mentira no puede contra la verdad. La infamia no puede contra el coraje. El odio no puede contra el amor.

La prueba es este libro que, imponiéndose a todas las limitaciones materiales y las restricciones de la pandemia, la editorial Capitán San Luis ha logrado editar, para entregarnos una documentación hasta ahora desconocida hasta por quienes hemos seguido minuciosamente el tema desde 1998.

Vicente Feliú durante la presentación.

Son las cartas  escritas con un pedacito de lápiz, en medio del más profundo encierro, por el hijo preso en aislamiento, a la madre adorada. Son las cartas, delicadamente elaboradas por la madre que sabe y no dice, que sufre y no se lamenta, al hijo idolatrado. Son los primeros poemas que brotan como agua de un manantial, sorprendiendo al mismo autor de los versos.

Antonio Guerrero dijo muchas veces que no era poeta antes de estar preso. Nació poeta entre las rejas. Hasta para sus carceleros hizo versos. Y en este libro vemos los orígenes de este casi milagroso proceso. Él sólo quería proteger a su madre del sufrimiento, evitar que ella sintiera por un instante, las angustias de saber cómo sufría el espíritu libre de su hijo sometido a los rigores del injusto encierro.

Desde Cuba, Mirta Rodríguez intentaba lo mismo para él. No hay una mentira en estas cartas que a veces esperan semanas para llegar a su destino. Ninguno de los dos miente para evitar el dolor lógico que la incertidumbre del momento genera en ellos. El método de ambos es siempre honesto. La verdad se cuenta sin dorar, íntegramente, porque además de medio de comunicación con sus seres queridos, esas cartas trasladan a la Patria,  detalles sobre la suerte de los detenidos.

Pero todo lo suaviza el amor, el intercambio de sentimientos y frases de amor, la fe en el poder del amor.

En los primeros 17 meses de aislamiento que sufrieron los Cinco sin ninguna razón, Tony padeció males físicos diversos. De ellos habla alguna vez, pero jamás con quejas. Sus letras desbordan optimismo y confianza en todo lo que escribe. Y mientras escribe, sin darse cuenta, el poeta que nunca antes fue, le va creciendo adentro.

Decía Cintio Vitier que Tony y sus compañeros eran poetas, aún sin escribir versos. Con sus comportamientos dignos y su negativa a ceder a las presiones y los chantajes del enemigo histórico de la nación cubana, ellos estaban haciendo poesía. Pero a Tony, además, le nacían a borbotones los poemas.

Allí en el hueco, le nacieron poemas que, según más de un cantautor implicado, parecían estar pidiendo que alguien les pusiera música y los cantara. Y aparecieron guitarras y acordes y esos poemas volaron como canciones desde la prisión al mundo, a pelear por la libertad de ellos.

«Desde mi altura», el primer libro de poemas de Tony en español e inglés se transformó casi enseguida en otro abogado defensor de la causa. Y en un disco y en video clips, que ojalá se escucharan con más frecuencia.

El origen de esas armas formidables, las más efectivas en la denuncia de las arbitrariedades del proceso, las más conmovedoras y movilizadoras de conciencia, las más inolvidables, está en esas cartas entre Tony y su madre. Cartas de amor, versos de amor, derroche absoluto de amor.

El amor todo lo puede es su mensaje. Y lo pudo.

Los cinco cantan junto a Feliú.

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