17 de octubre de 2021

En denuncia del servilismo tecnológico

Aldous Huxley propuso hace medio siglo: “La esencia de la coerción psicológica consiste en que aquellos que actúan bajo su efecto tienen la impresión de que están actuando por iniciativa propia. La víctima de la manipulación mental no sabe que es víctima. Las rejas de su prisión le son invisibles, y cree que es libre. El hecho de que no es libre, solo es aparente para los demás. Su esclavitud es estrictamente objetiva”.

Así como propongo, actualmente con la llegada de la denominada “era de las frecuencias”, se está desarrollando la manipulación directa de los procesos cerebrales por intermedio de la tecnología electromagnética y el uso del espectro de las frecuencias con un fin determinado.

La perversa aplicación de las nuevas tecnologías está engendrando nuevas formas de esclavitud digital, que son parte del engranaje económico y generan nuevos modos de producción y mecanismos de adaptación social cada vez más refinados.

El factor decisivo para la perpetuación de un sistema basado en el sometimiento objetivo, ha sido y sigue siendo el acondicionamiento subjetivo, es decir el control mental. Nada más eficaz para el sistema de trabajo que su autorreproducción en la psiquis y la mente de quienes lo sustentan con su fuerza de trabajo y “el sudor de sus frentes”, es decir, con la energía de sus propias vidas.

En este sentido, los trabajadores consumidores modernos, bajo los dictámenes del mercado laboral y del consumismo digital, son conducidos en la totalidad de sus vidas por una especie de “control remoto” y lejos de reconocer y romper su determinación ajena, constituyen sin duda y “ocultos a plena vista”, la nueva esclavitud del siglo XXI.

Parece que la esclavización de la mente y por ende del comportamiento del ser humano alcanza niveles irreversibles, a causa de la doblegación mental y corporal que actúa sin misericordia sobre sus víctimas para evitar que estas se rebelen contra un orden social intrínsecamente inhumano y explotador.

Debemos recordar que lo que diferencia al hombre de los animales es la simbología que crea este ser racional. Pero destaca en que lo que prevalece son los símbolos de los objetos, hechos que crean los pensamientos, motivan o estimulan. Es decir vivimos una época atípica de la aldea global como también concluye el historiador, poeta y periodista Humberto Pinedo –a base del análisis de mi obra.

El estudio del fallecido periodista concluyó que la tecnología nos está imponiendo nuevos comportamientos o nosotros imponemos nuevos códigos o símbolos. “He ahí la contradicción social. Hombres o zombies. Racionales que crean pensamientos con simbología o seres deshumanizados que viven sin sentido sus días”.

En el nuevo proyecto de Código Penal en Haití se penaliza duramente la zombificación, práctica en la cual una persona es declarada muerta clínicamente y luego revivida para trabajar como esclava, según informó la Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina (PL).

Una comisión senatorial emprendió el análisis de las normas jurídicas punitivas vigentes en el país desde 1835, y añade una treintena de modificaciones, tras varias rondas de consultas.

Los senadores tipificaron varios delitos en el acto de zombificación, entre ellos asociación criminal, violación del entierro, tortura y trata de personas, y señalaron las falencias en materia legal asociada a este tipo de prácticas.

Quienes cuestionamos estos modos de esclavitud, seguiremos luchando en pos de la formación de una conciencia global que contrarreste y acabe con todas formas de explotación económica, opresión política, discriminación social y alienación humana.

Debemos señalar que la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) a través de Cáritas del Perú realizó el domingo 29 de agosto la colecta nacional para ayudar a reconstruir el país de Haití.

“Juntos por Haití” es el nombre de la colecta nacional con el fin de llevar esperanza a los hermanos y hermanas haitianos que hoy afrontan una crisis humanitaria, social, sanitaria y también política.

Siguiendo la línea del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), la Iglesia en el Perú organiza una colecta nacional por el país caribeño “que padece una grave crisis provocada por el reciente terremoto de magnitud 7.2 ocurrido el 14 de agosto”, y que ha dejado, hasta el momento, más de 2 mil fallecidos, más de 12 mil heridos y cerca de 30 mil familias sin hogar, con la destrucción de casi 53, 000 casas y 142 edificaciones de la Iglesia haitiana y más de 50 escuelas católicas devastadas.

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