17 de agosto de 2021
Código para programar una tradición de familia

Código para programar una tradición de familia

No ha habido paisaje desierto en la finca El Marañón, en el batey Chafarinas, en Aguada de Pasajeros, desde que el más viejo de esa estirpe de agricultores decidió poner allí la primera mota de arroz.

Desde los cinco años, para Luis Gustavo Morejón Santos, joven de 28 años, la mejor diversión la proporcionaban los campos donde la familia cultivaba el grano. “Mis primeros recuerdos son de una siembra directa, y veo claro como ahora que mi abuelo lo mojaba para sacar los vanos, y cómo lo ponía al calor para que pregerminaran”, cuenta el muchacho.

En los albores del 2021 el juego se ha puesto serio, pero todavía le apasiona y divierte. “Es el placer de hacer lo que me gusta”, explicó.

Por eso en cada campaña reverdecen los diques de El Marañón preñados del cereal. De ello dio muestra la campaña de frío en manos de la tercera generación de esta familia arrocera, que completó cerca de una decena de hectáreas (ha).

“A pesar de que en 2021 hemos estado un poco enredados por el tema del incremento de los insumos y los servicios, sembramos porque de esto vivimos. En esta época no sabemos hacer otra cosa. Ahora volvimos a sembrar 10 ha para primavera”, expresó Morejón Santos, graduado de Informática en la Universidad de Cienfuegos.

Aunque por cinco años “soltó el campo”, para estar entre ceros y unos, no olvidó el código que programa la tradición familiar de los Morejón: trabajo y constancia. Y para no dejar morir la seña de sus ancestros, volvió de las aulas cargado de conocimientos para repensar los modos de hacer en el surco.

Motear el arroz, verlo crecer espigado, o dominar los escurrimientos de agua para un riego que no desperdicie el líquido vital, tipifican esta actividad que considera su verdadera vocación.

“Tenemos que corregirnos en términos de eficiencia y aprovechamiento de la productividad, de la fuerza de trabajo, de los horarios y de la manera en que nosotros desarrollamos la agricultura”, reconoció el joven cienfueguero ante el reto de la Tarea Ordenamiento para la agricultura cubana.

Con el ahorro como constante, Morejón Santos intensificó el riego nocturno—entre las 10pm y las 6am— excepto en las áreas más secas de la finca donde el arroz demanda irrigación constante.

Hay también un factor subjetivo depreciado por muchos ante el empuje de las carencias materiales, pero que también incide, según considera el muchacho. Tiene que ver con la manera en que hacen la producción, preparan el suelo, y la forma en que utilizan la ciencia y la técnica para lograr los resultados que el país necesita.

Hoy hacen muchas cosas de manera diferente, pero la sapiencia de los que antes caminaron los diques persiste de una generación a otra. “Lo que me enseñó mi abuelo se une con las nuevas aplicaciones de la ciencia y la técnica y nos hace más fuertes”, reconoció.

En tiempos de estrechez económica, Morejón Sánchez vuelve a las raíces, funde viejas técnicas y nuevos medios, y hace de cada jornada una lección de vida para el futuro del más pequeño de su estirpe.

Laura Brunet Portela

Periodista de Radio Ciudad del Mar. Corresponsal del diario Juventud Rebelde en Cienfuegos.

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