José
Dariel Abréu, como todos conocemos, es uno de los grandes
jonroneros de la pelota cubana de todos los tiempos. En la
serie 50, o sea la temporada anterior, Pito, además de sus
33 jonrones en solo 66 juegos, fue también el mejor en
average con 453.
Indudablemente es el muchacho del Central Mal Tiempo, uno de
los peloteros que los lanzadores nunca quisieran tener en
frente, por su fuerza y su tacto, combinación que no muchos
poseen. De ahí que le den tantos pelotazos con el único
propósito de quitárselo del home.
Sin embargo hay algo que nos tiene preocupados a todos, y es
que Pito jamás ha utilizado ninguna protección para
amortiguar los bolazos.
Hay zonas del cuerpo que son muy endebles a los golpes, los
codos por ejemplo, cuyos huesos, solamente están protegidos
por la fina capa de piel. Los bateadores están expuestos a
recibir en ese lugar el impacto de las pelotas enviadas por
los pitchers desde los montículos. Un alto por ciento de los
lanzamientos pasan cerca de esa parte, que regularmente
queda a la altura media de la zona de strike
Pero Pito Abréu, hace caso omiso a los pedidos que todos le
hacemos para que se proteja. No son pocas las personas que
se le han acercado para suplicarle, que se coloque los
aditamentos de protección, porque quieren y necesitan a este
temible bateador.
La respuesta del jugador ha sido siempre que no se adapta a
utilizarlos.
Los rivales lo saben, y si bien es cierto que no quieren que
las pelotas, muchas veces enviadas intencionalmente le
impacten en su cuerpo, tienen una ventaja adicional y es que
José Dariel no protesta nunca por los golpes que recibe.
Ello, naturalmente les facilita el trabajo a los tiradores,
que sueltan la pelota, y ahí está el bolazo.
Inmediatamente, como por arte de magia, el saludo de rigor
antes que el afectado llegue a primera base. No se hace
esperar el aplauso del público en las gradas por el “amable”
gesto del agresor y la respuesta distinguida del agredido.
El pitcher ya liberado del peligroso sluger, tiene la
esperanza más cerca de la realidad con rumbo al cero en el
ining.
Pero así es Pito, temible en el home play, pero pasivo,
noble, ante cada pelotazo
recibido pese al dolor que lleva por dentro y por fuera.
