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Tres mujeres agrarias en tiempos de reordenamiento económico

 

 

Por: Octavio Pérez Valladares

      tabo@enet.cu

        

 

“Cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible…”, así lo sentenció José Martí Pérez. el más universal de los cubanos, pero esta vez la obra parte de sus siempre tiernas manos para dar las primeras caricias a la madre tierra en el surco, a los animales que cuida o cría, y también para el esposo y los hijos.

Livania Capote Capote cuenta 56 abriles y lleva adelante la reproducción y atención de animales en el Centro Ovino Genético El Abra, de la Empresa pecuaria El Tablón en Cumanayagua. Los avatares de la vida la llevan hasta la provincia de Matanzas, pero regresa con nuevos bríos al terruño para esta vez ser una líder, de esas que trabajan mucho y piden poco.

“Mi administrador se llama Reinier Santiago, un muchacho joven de 20 años que piensa y trabaja como la gente de antes, muy respetuoso pero exigente; aquí sólo hace falta la corriente eléctrica para poder moler la yerba, la caña; el alimento de los animales…”

La joven Yanet Castellanos Penot, de sólo 18 años de edad, acaba de graduarse de técnico medio en  Medicina Veterinaria y es la profesional que vela por la salud de diferentes especies en la Feria Permanente de la Empresa de Ganado Menor, en Cienfuegos. Su máxima pasión, a pesar de su familia no proceder del campo: atender y cuidar animales. En poquísimas palabras, dijo:

“Me gusta aprender, saber sobre razas, de categorías, de especies, sobre enfermedades y cómo se manifiestan; estoy segura de que este es mi futuro…”

Marisol Chávez Hernández, recia y a la vez dulce mujer que se desempeña en la finca Candelaria del Consejo Popular Paraíso, sobresale en calidad de destacada productora que hasta la fecha ha entregado alrededor de diez toneladas de carne de cerdo a la Empresa Porcina de Cienfuegos. Le interrogamos: ¿Usted es una mujer que manda?

“Sí, soy una mujer de carácter, pero al final soy blandita, porque con quienes trabajo son mis hijos, mi esposo; los mando a limpiar aquí o algo que en ese momento no pueda realizar yo; soy exigente porque es la única forma de cumplir los compromisos y hacerlo con calidad…” 

Livania, Yanet y Marisol, mujeres en diferentes momentos de sus vidas, coinciden en que el trabajo hay que llevarlo a cabo con amor y entrega total, única forma de satisfacer necesidades siempre crecientes y ser reconocidas socialmente en estos difíciles tiempos de reordenamiento económico, por los aportes individuales en la producción de alimentos.  


 (Septiembre 2011)

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