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Alfredo Espinosa: "Hay que soñar con los
problemas del paciente"
Texto y foto:
Julio Martínez Molina
jmmolina@enet.cu
Tiene
maneras sosegadas, talante afable y una mirada que infunde confianza
en el paciente. Para miles de ellos no es solo el médico del cuerpo,
sino un ser entrañable. Hasta canciones le han compuesto al querido
doctor cienfueguero Alfredo Espinosa Brito, quien valora sobremanera
entre sus "privilegios" en la vida, "el de ver nacer el sistema
nacional de Salud, para luego crecer y desarrollarse a través de
medio siglo de medicina revolucionaria".
Seleccionado en el
2001 Héroe del Trabajo de la República de Cuba y merecedor en 19
ocasiones de lauros o menciones del Premio Anual de Salud, integró
el primer curso de médicos formados por la Revolución, al graduarse
a las alturas de 1965 en el Pico Turquino, lo cual define como
primer gran hito de su vida profesional.
El otro fue su
servicio social como médico rural en las montañas del Escambray
donde, apenas salido de las aulas, debió asistir 150 partos en el
hospital de Crucecitas. Muchos de ellos, como recuerda, a la luz de
chismosas o faroles. Y el tercero, añade, fue el inicio de la
docencia en 1979, cuando pasó a integrar la plantilla del Hospital
Provincial Clínico-Quirúrgico Docente Doctor Gustavo Aldereguía
Lima, inaugurado por Fidel.
En realidad, la
vida toda del Doctor en Ciencias Médicas y especialista en II Grado
de Medicina Interna, Orden Carlos J. Finlay y Premio al Mérito
Científico del MINSAP, ha estado llena de hechos meritorios; así
como de reconocimientos por su labor.
De su faceta
pedagógica, pondera "el cariño dual entre los estudiantes y yo.
Ahora que tengo problemas de salud, mis antiguos estudiantes son mis
colegas, mis propios médicos. Eso me hace recordar una frase de
Félix Varela: el maestro vive en sus discípulos", confesó.
Verlos consagrados
en sus especialidades supone para sí un regocijo extraordinario. Es
común que a su correo entren mensajes de doctores internacionalistas
quienes, desde diversos confines del mundo, se despiden así: "su
eterno alumno".
"Es una relación
muy gratificante que da la medida de que el esfuerzo hecho no fue en
balde. La semilla prendió", expresa. Y la prédica de Espinosa
afianza "no solo la transmisión de conocimientos o habilidades; sino
también de virtudes, del sentimiento de humanismo y la vocación de
atender al enfermo".
Insiste en el
vínculo de las nuevas tecnologías con los métodos clínicos de
acercarse al paciente (escucharlos, conversar con ellos), no
limitarse solo al gesto técnico, sino al humano.
"Se lo digo a mis
alumnos muchas veces: soñar con ese paciente que no sabes bien lo
que tiene, cómo está evolucionando, sus conflictos, su relación con
la familia; involucrarte en su contexto, para resolver su problema y
si no puedes al menos aliviárselo".
Eso es lo que
espera el paciente del médico: que lo siga y sobre todo que no lo
abandone, que lo acompañe. Así nos lo pidió Fidel y eso resulta
primordial, enfatiza.
Apasionado tanto de
su práctica como de su caracterización, el galeno cree que la suya
"es una disciplina que además de vocación y esfuerzo demanda
humildad, comprensión, un alto sentido de compromiso con el otro,
vocación genuina de servicio al prójimo.
Investigar, siempre
investigar. Tal constituye la alerta recurrente del científico cuyos
estudios sobre diversas epidemias que azotaron a nuestro país
—comenzando por la del dengue hemorrágico, en 1981— concitaran
diversas distinciones.
En su criterio,
"muchas veces las preguntas de la ciencia encuentran respuesta en
nuestros propios pacientes, en nuestros propios recursos, que son en
ocasiones más de los que pensamos. En determinadas oportunidades,
por lamentarnos desaprovechamos lo que está al alcance cotidiano".
En el 2012 saldrá
publicado su sexto libro, La clínica y la medicina interna,
donde se recogen sus criterios y experiencias médicas.
Y justo uno de los
temas preferidos de atención del padre de tres hijos, dos de ellos
médicos también, lo representa el de la educación y la familia. "Si
no hay una educación desde la niñez en el hogar, será difícil la
afloración de esas virtudes martianas que todos los cubanos —médicos
u hombres de cualquier rama— precisamos para seguir afrontando los
retos siempre presentes en la historia de este país y continuar
venciéndolos", considera.
Este es el consejo que entrega un
revolucionario convencido; admirador de Varela, Martí y Fidel, quien
defiende la solidez de la medicina insular y su capacidad de
respuesta.
(Noviembre 2011)
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