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El tesoro de los "Tres Pilones" de Yagarusa

 

 

Texto y fotos: Octavio Pérez Valladares

                   tabo@enet.cu

        
 

Con Epifanio a caballo, guía eventual, les presento al sui géneris colectivo, cuando muy próximo estaba el sitio de rastreo.

Con Epifanio a caballo, guía eventual, les presento al sui géneris colectivo, cuando muy próximo estaba el sitio de rastreo.

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En 1981 escribí en el periódico Cinco de Septiembre, a página completa, la historia y leyenda del inmenso tesoro en lingotes de oro que un español de apellido Varona, había dejado enterrado en los Tres Pilones de Yagarusa, hoy propiedad de una cooperativa dedicada al cultivo de cafetos y cría de ganado, en la zona agreste de El Mamey.

Cuando construían, en 1960, la carretera desde Entronque de Minas hasta Crucecitas, una botella de barro saltó delante de la cuchilla del buldózer al pie de Loma de Gallo y en ella estaba el mapa señalando, en la salida del sol, la cruz y la cañada inaccesible.

Cierto imponderable obligó al hispano y sus secuaces a regresar atrás por el mismo camino, historia ya contada en Incursión de un Pirata en el Escambray.

De las manos del supersticioso buldocero a las de mi padre Juan José Pérez Manzano y su amigo Camilo Becerra, chofer de alquiler como él, pasó el enigmático pergamino y en casi treinta años fue visitado varias veces por ellos el lugar para desenterrar el dineral, pero sólo auxiliados de rudimentarios picos, sogas y barretas.

Me tocó a mí, en calidad de periodista, investigar desde 1972 qué podía haber de cierto en las habladurías y veracidad del mapa sobre el tesoro, cuyo coste representó doce años cotejando este dato con aquel otro.

Varona no era pirata, sino hombre que sabía de la explotación de la mina de oro en San Fernando, aledaña al poblado de La Moza, municipio de Manicaragua. Vino a Cuba, asaltó la guarnición y se llevó sobre siete mulos las barras fundidas del valioso metal, pero lo cierto es que ese inmenso caudal se quedó en la montaña para siempre o alguien, antes, pudo desenterrarlo.

Ahora, en el primer sábado de diciembre del 2011 el grupo BUSCADORES DE SUEÑOS, conformado por especialistas en la milenaria Radiestesia: Manuel Negrín Martín, Esteban Nodal Díaz, Víctor Miguel Herrera Díaz y Andrés López Jaureguí, retomaron la búsqueda del susodicho botín, que resultó inexistente y de esa manera llegó a su fin la vieja leyenda. 

Aseguran los miembros del sui géneris colectivo que con este antiquísimo sistema de cacheo subterráneo, han logrado despreciar la gran variedad de minerales que existen en nuestra Isla Grande y sólo detectar con precisión la plata y el oro, para entonces excavar y sin dañar el entorno.

Lourdes y su esposo a la extrema derecha, saben muy bien sobre un verdadero tesoro: la producción de café y cría de ganado en Los Tres Pilones de Yagarusa.

Lourdes y su esposo a la extrema derecha, saben muy bien sobre un verdadero tesoro: la producción de café y cría de ganado en Los Tres Pilones de Yagarusa.

A pocos años del comienzo, aunque con una precisión del 99%, los BUSCADORES DE SUEÑOS, han materializado hallazgos de plata y objetos museables, siempre con la unidad monolítica de cada miembro, incluso desde el punto de vista de la conexión espiritual.

La disciplina es consciente, de hermanos, con la práctica de la unidad como principio y aparejada a la responsabilidad individual de un jefe, porque todos pueden opinar y el acuerdo resulta de obligatorio cumplimiento.

Por mi parte, corroboré que Lourdes y su esposo, sí poseen incalculable fortuna: el profuso monte con cambios inmediatos en la mentalidad de sus inquilinos, para que vuelva a ser próspero en la producción de café; sitio apacible de la floresta virgen, donde merodea el sinsonte y el bello amanecer, y paraje ideal para el canto de libertad del tocororo.

El tiempo, al que no se lo puede medir, me hizo volver sobre mis pasos de cronista y con el fin de que conozcan la conclusión de este sueño tropical acaecido en la cordillera de Guamuhaya, el cual calentó muchas mentes a lo largo de los años, incluida la mía.


 (Diciembre 2011)

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