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La pupila insomne de las tropas guardafronteras
Por: Octavio Pérez Valladares
tabo@enet.cu
El 5 de marzo de 1963, con el capitán
Orlando Pantoja Tamayo al frente, surge el Departamento de
Vigilancia de Puertos y Costas, y para convertirse en Tropas
Guardafronteras por la necesidad de enfrentar la actividad de grupos
contrarrevolucionarios, infiltración de agentes enemigos y ataques
de lanchas piratas.
Las Tropas Guardafronteras son fundadas por el máximo líder de la
Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, quien en su informe central
ante el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, en 1975,
definió a los miembros de este cuerpo armado como "insomnes
centinelas de la Patria".
Los intentos de las mafias internacionales de utilizar a Cuba como
vía de tránsito de estupefacientes hacia terceros países, o con
pretensiones de introducirlas en nuestro territorio, se han
estrellado -en primer término- contra el muro infranqueable de las
Tropas Guardafronteras.
Como parte de un sistema integrado por las Fuerzas Armadas, otras
especialidades del MININT y la cooperación popular, detectar y
desarticular un tráfico ilegal de narcóticos en nuestra frontera, no
es un hecho casual.
Lo anterior ha exigido mucho sacrificio en los entrenamientos,
adquirir habilidades y que cada combatiente desarrolle su intuición
en aras de garantizar la custodia, sin descanso y bajo cualquier
inclemencia del tiempo, de nuestros más de cinco mil kilómetros de
costas y aguas territoriales.
Estos insomnes centinelas, en su mayoría jóvenes, tienen también
entre las principales misiones las de enfrentar el terrorismo y al
tráfico ilegal de personas, así como ejecutan misiones de salvamento
y rescate en su región de responsabilidad, a la par de contribuir a
la protección de la flora y la fauna.
De día o de noche, con el frío calando los huesos, desafiando la
borrasca o soportando la picada de los mosquitos, ahí están firmes
al filo de nuestras costas los soldados de Tropas Guardafronteras
para cuidar el sueño de la familia cubana.
En medio de la oscuridad de noches sin luna, estos hombres saben
descifrar el lenguaje de las olas que los alerta sobre una incursión
enemiga desde fuera y así ser los dueños absolutos del factor
sorpresa ante quien venga, con cualesquiera pretensión, a penetrar
el suelo de nuestra Isla Grande.
(Marzo 2010)
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