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Cuando la estética atenta contra la
lactancia materna
Por:
Karenia Pieri Silva
cip241@cip.enet.cu
Luego del parto, mantener la figura
estilizada constituye la preocupación de algunas madres y por eso
una gran parte de ellas, en ocasiones, inhiben el
proceso de
lactancia a sus hijos.
La idea de envejecer rápidamente
aterroriza a las féminas. Y hace siglos atrás las reinas y mujeres
de alta alcurnia pagaban a las nodrizas para que amamantaran a sus
hijos recién nacidos.
Esta situación alistó a los médicos del
siglo diecinueve en la búsqueda de un sustituto de la leche materna
para reemplazar a las nanas, creando soluciones a base de leche de
vaca, azúcar y agua. Muy pronto la industria tomó partido y el
comerciante suizo Henri Nestlé, luego de combinar azúcar, harina de
trigo con leche de vaca anunció el producto, científicamente
probado.
La novedad revolucionó a las mujeres y,
poco a poco, quedó atrás el alimento natural. Con el desarrollo y
las posibilidades de trabajo en la década de los sesenta, la mujer
ganó libertades independizándose, por lo que amamantar resultaba una
pérdida de tiempo y energía.
El devenir, condujo consecuencias para
los y muchas madres perdieron la figura por cuestiones de herencia o
edad. Los niños adquirían infecciones con mayor facilidad e incluso
padecían de problemas en el crecimiento.
La problemática no residía entonces en
el cuerpo sino en la salud del hijo, caso que fue analizado por la
ciencia y demostró la imperiosa necesidad de lactar.
Los investigadores avalaron que este
proceso refería ventajas para la madre, el hijo y la familia. La
leche materna ayuda al crecimiento, desarrollo e inteligencia del
niño y lo protege de alergias, enfermedades de la piel,
desnutrición, diabetes juvenil y deficiencia de micro nutrientes.
En las féminas disminuye la hemorragia
de posparto, el riesgo de obtener cáncer de senos y mamas, mantiene
un adecuado peso corporal; integra la familia, promueve el amor y
genera cultura.
Cuando el interés por conservar la
estética atenta contra la lactancia materna se impone una disyuntiva
entre los deseos de la mujer y los instintos de madre, emergiendo el
egoísmo y el individualismo.
La lactancia natural constituye el mejor
modo de proporcionar al recién nacido los nutrientes que necesita y
obstaculizar la salud de un hijo por conservar la apariencia es
también una forma de quebrantar los derechos humanos.
(Agosto 2009)
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