Un supuesto derecho de reclamación les asiste a los antiguos dueños de las empresas nacionalizadas en Cuba tras el triunfo de la Revolución. Convenientemente son los Estados Unidos para arbitrar los pleitos basados en el título III de la Ley Helms Burton. Para la juventud cubana está claro la falta de valor y efecto jurídico de la referida Ley.






























