Quiero empezar por los maestros. De ninguna manera pudiese comenzar diferente: son los maestros génesis, cimientos. Si un cirujano puede operar y resolver así un caso de emergencia, lo hace gracias a ellos. Incluso, si estas líneas nacen en torrente, más de la emoción que de la razón misma, se debe al trabajo de muchos, muchos docentes.
Habían recibido hace algunos años un aumento salarial — discreto si se compara con el más reciente—y tenían en su haber desde 2017 un sistema de compensación para la sobrecarga en horas clases y grupos. Sin embargo, el actual incremento los coloca hoy en una situación económica más favorable.
Pero el país no se detuvo solo en la educación; otros sectores de la sociedad cubana —igualmente necesitados de escuchar la noticia— resultaron gratificados con la buena nueva, que seguramente conmovió no solo a “presupuestados”, también a “empresariales”, “cooperativos”, “no estatales”, en fin, a todos los que pusieron oídos al Noticiero Estelar (de la Televisión Cubana) en días pasados, cuando nuestro Presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez anunció el conjunto de medidas económicas.
Es una alegría masiva porque la cuestión salarial aumentaba cada vez más su presencia en el debate público y lastraba — lastra— la estabilidad de fuerza laboral en ocupaciones tales como el magisterio, la inspección, el periodismo, la economía y contabilidad de centros estatales, instituciones jurídicas,y muchos otros espaciosmedulares en la vida del país.
Si bien en las empresas el salario no es asunto cerrado, la resolución 6 sí se encargó de oxigenar lo mediante montos nada despreciables al menos en unidades, empresas, grupos, con dividendos productivos acordes a las pautas de la “seis”.
Aunque la comprensión de las dificultades económicas del país quedaba latente en cada debate sobre el salario, mes tras mes las facturas movían el pensamiento de muchos en detrimento del sector público.
Así, se permearon empresas de profesionales de la esfera presupuestada cubana; así, nuestros hoteles exhiben hoy los obreros más capacitados de todo el orbe, pues ejercen como barman, carpeteros, camareras, jardineros y maleteros, personas formadas en universidades, pedagógicos, y otros centros de educación superior.
Así la pirámide, desde inicios del período especial no tenía la cúspide apuntando al cielo, y la elección de estudiar carreras universitarias suponía incluso críticas por parte de los más “aterrizados”, que no sin razón te instaban a “mirar” para otro oficio.
Los beneficiados por la medida— en mi opinión la de más favorable repercusión popular tomada en los últimos tiempos— estuvimos presentes en no pocos escenarios, donde el término “sector improductivo”salió siempre a relucir, al hablar de la diferencia de ingresos entre la esfera empresarial y la sustentada por el Estado.
Está claro que esta última no genera riquezas físicas como lo hace una empresa: las emplea en función de generar la fortuna espiritual del país, de materializar las políticas públicas de nuestro proyecto social. El sector público sí produce, y cómo produce…simplemente se trata de una producción subjetiva, medible en el terreno del bienestar de la población.
Tras esta retahíla de ideas razono que el incremento salarial recién anunciado eleva no solo las finanzas en los bolsillos. La medida trasciende el terreno económico, eleva el amor propio de muchas profesiones, eleva las probabilidades de captar y mantener en las nóminas, profesionales en Universidades, niveles generales de la enseñanza, instituciones de ciencia, hospitales, medios de comunicación. Eleva, sin temor a la duda, la autoestima del sector presupuestado en Cuba.






























