En unos días comenzará en toda Cuba una nueva rendición de cuentas del delegado de los Órganos de Gobierno, que el propio pueblo eligió, con plena democracia ahí en su barrio, para explicarle a sus electores los resultados, exitosos o infructuosos, pero gestión al fin y al cabo, sobre los reclamos populares.
Cierto es que alguna gente muestra abulia por creer a su delegado el ejecutor de las obras que hay que hacer, de la calle por reparar o del salidero a tapar. Sin embargo, la gran mayoría está consciente de que el delegado es su intermediario ante las empresas y organismos responsables, como sabe también que muchas veces logra que se haga lo requerido… y otras no.
Así, en el devenir cotidiano marcha nuestra democracia, que es tan criticada por los que desean a cualquier costo “elecciones libres en Cuba” basados en el modelo de Estados Unidos.
También se acerca la decisión final de quién será el nuevo inquilino de la Casa Blanca y es bueno saber a qué tipo de democracia algunos nos quieren empujar.
En los Estados Unidos no hay elección directa para la presidencia de la república, sino decide un Colegio Electoral; no un órgano autónomo e independiente que regule las elecciones; no hay ningún control sobre el flujo de dinero en esta campaña en la que los candidatos han recaudado más de mil millones de dólares.
Hay una reelección sin fin en la Cámara de Representantes: El 95% de los diputados se reeligen.
Solamente un poco más del 50 % de la población vota en las elecciones presidenciales. No hay ni siquiera una boleta única, sino una multiplicidad de boletas electorales en cada municipio.
Recordemos que en el año 2000 Al Gore ganó la elección presidencial… ganó más votos que George Bush, pero gracias a la complicidad de la Corte Suprema, desaseos en el conteo, la exclusión al voto de miles de afroamericanos, se impuso a George Bush en contra de la democracia.
Claro, unos meses después Mr. Bush invadiría a Irak y Afganistán y empezaría un ataque generalizado en contra de los derechos civiles de los norteamericanos.
En fin, que si esa es la vereda hacia la democracia, es mejor, como dice el refrán: “No dejar camino por tomar la vereda”.






























