Cuba es una tierra atrayente, hay historias que se fundamentan desde aquí con un toque muy interesante dejando una huella trascedente hacia la posteridad.
Era la Habana de 1856, se encontraba en esta ciudad un hombre de origen portugués, muy osado, progresista e inventor amante de la aviación.
Se nombraba Matías Pérez, ex marino, sastre y toldero de profesión; oficios que le despertaban la curiosidad de ir más allá explorando para surcar espacios.
Matías estaba interesado en las revistas europeas que trataban el tema de las leyes de la aeronáutica; especialidad que abarca los globos y dirigibles, aviones, helicópteros y la infraestructura de pistas para aterrizar.
En eso se quería enrolar Matías Pérez y como dijimos al inicio, cuentan los de la época que él fue ayudante de Gonard, un piloto con el cual compartió verificaciones de despegues y otras rutinas del oficio.
Aquí un poco alejado de aquellos consejos que prohibieran su iniciativa, no tuvo frenos y trataba de hacer los cálculos de cómo emprendería una hazaña voladora sin motores.
El fabricante de toldos, Matías Pérez, tenía una buena remuneración porque en La Habana, casi todos los establecimientos los tenían y por eso pudo hacer la compra que quería.
¿Cuál fue esa compra? Pues la del globo “Villa de París” al conocido aviador Gonard, en una elevadísima suma para cumplir tan carísimo sueño.
Imagínate el movimiento que genera el traslado de aquella nave haciala plaza de Marte, hoy Parque de la Fraternidad, se llenó de público.
Había personas de todos los puntos cardinales, una banda de música amenizaba aquel suceso. El Villa de París comenzó a tomar altura, las personas agitando pañuelos; pero esta vez descendió Matías.
Hubo otro intento de vuelo suspendido por las inclemencias del tiempo. Ya el 29 de Junio de 1856, el público impactado lo vio volar y alejarse.
Esta vez hasta perderse en el horizonte por encima de mar y dejar entre los cubanos la triste historia del rey de los toldos.
Y una frase que se repite cuando perdemos algo para no volverlo a ver “Voló como Matías Pérez”.
Francisco Blake































