En los cines cubanos, película
sobre Benny Moré
Por:
Joel del Río*
La
música era el tema imprescindible para comenzar el intercambio de preguntas y
respuestas que sirvió de epílogo al estreno mundial de El Benny. Hay
profesionalidad, rigor, y mucho corazón en la película cubana más esperada en el
último lustro: El Benny, la cual tuvo ayer su premier oficial en el cine Chaplin
y se exhibirá el 27 en las salas de estreno habaneras, para luego estar por todo
el país, incluida la presentación especial en Santa Isabel de las Lajas. Por
ello se imponían las interrogantes que nos informaran sobre cómo lograron el
milagro de devolvernos la imagen, la voz, los gestos y la personalidad de un
mito, sin tratar de reanimarlo calcándolo.
El responsable de la banda sonora musical, Juan Manuel Ceruto, aseguró que la
realización no hubiera sido posible sin la participación del juglar santiaguero
Juan Manuel Villi, encargado de ponerle voz a todas las canciones que «canta» el
Bárbaro del Ritmo en la cinta. Esa es la voz cuyo timbre asombrosamente parecido
al genial e innato artista despeja toda reserva y consigue acercar al auditorio.
Después que Villi, Ceruto, y su grupo de jóvenes músicos de jazz, regrabaron
toda la música requerida, se añadieron al proyecto los Orishas, Chucho Valdés,
quien interpretó magistralmente una pieza al piano, y Juan Formell, encargado de
componer un tema inédito, de tributo al gran artista, que se escucha al final de
la película.
A la lógica pregunta de por qué no se emplearon las viejas grabaciones con la
voz del Benny, Jorge Luis Sánchez, el director del filme, contestó que era
imposible utilizarlas por el sonido mono y por la imposibilidad de conseguir los
derechos de todas las canciones necesarias. Además, aseguró Ceruto, con toda la
razón, según le parece a este cronista, que por una decisión colectiva se
prefirió no engañar al público: «La película presenta a un actor haciendo de El
Benny, nunca se buscó la biografía exacta ni la copia fiel, así que tampoco
quisimos usar la voz y las grabaciones originales, sino hacerlo todo de nuevo.
El mayor reto fue encontrar a alguien que cantara muy parecido, y, además,
reproducir todas esas canciones clásicas con un sonido bien similar al antiguo,
pero que fuera también contemporáneo».
Por supuesto, otra de las medulares preguntas fue para Renny Arozarena, alguien
que, según mi criterio, ha llegado al cine cubano para inscribirse en un lugar
destacado de sus mejores páginas. Su actuación es tan convincente, tan fuerte,
que uno olvida luego de unos minutos que este hombre no se parece en nada,
físicamente, a quien está interpretando, doblando, y por ende su mérito es
doble: «Cuando supe que era el seleccionado, reaccioné primero con alegría y
sorpresa, luego con miedo. A medida que pasó el tiempo, porque estuve dos años
trabajando en el personaje, y seis meses en el proceso de casting para que me
seleccionaran, entendí que el atrevimiento era la única manera de hacer este
trabajo lo mejor posible. Benny era campesino, no marginal como piensan algunos,
y la manera de llegar a un campesino es mediante la amistad y la sinceridad. En
el rodaje, después de un largo proceso, me di cuenta de que ya no era un actor
haciendo un personaje. Me había convertido en alguien cercano a él, que entendía
su psicología, y hasta sabía cómo reaccionar ante algo en lugar suyo. Para mí
fue un verdadero placer conocer a Benny Moré».
Verdadera
disertación, natural y sin ínfulas, ofreció el director de fotografía José
Manuel Riera, sobre los principios que rigieron su trabajo, llevado a cabo en
estrecha coordinación con el realizador, y con el director de arte, Erick Grass.
Explicó Riera que trató de concretar en imágenes las divergencias entre el Benny
público y el privado, entre el lujo y la humildad, entre momentos de violencia y
de concordia. Acotó Jorge Luis su plena satisfacción con la labor de Riera,
máxime cuando se trata del primer largometraje de ficción cubano filmado en 35
milímetros y cinemascope, luego «bajado» a digital (para manipular más a fondo
las luces, y otros elementos) y después vuelto a «subir» a 35 milímetros.
«Porque esta película no es intimista ni psicológica, ni sobre un tipo dándose
cabezazos contra las paredes. Es una película que quisimos grande, de bares y
neones, de luces, sensualidad y mucho escenario. Todo eso lo consiguieron con
mucho ahínco Riera y Erick Grass».
Para ir concluyendo esta apretada síntesis de lo mucho que allí se preguntó y se
respondió, en una atmósfera de distendida sinceridad, démosle la palabra otra
vez a Jorge Luis Sánchez, quien está muy convencido de que él no tiene mérito
mayor que haber sabido perseverar en la materialización de este proyecto (a
pesar de las ingentes dificultades de todo tipo) y de haber reunido un plantel
de profesionales extraordinarios bajo positiva y creadora impronta: «Aunque
ninguno de nosotros estaba interesado en proponer una imagen naturalista ni
tampoco la biografía ortodoxa, y existen incidentes más o menos fantaseados,
personajes que resumen a varias personas, y peripecias que favorecieran la
identificación de los jóvenes, tratamos de no traicionar nunca la psicología, el
carácter, el temperamento y ciertos principios del protagonista.
«Tampoco quería hacer un musical convencional, una película lineal y cronológica
—continúa aclarando Jorge Luis Sánchez— por eso está la etapa mexicana, donde él
crece como artista, y por eso están las retrospectivas, porque me interesaba
también inquietar al espectador, confundirlo un poco. Respecto al diseño del
personaje en el registro trágico, con destino inexorable, yo pienso que somos un
país con una historia llena de tragedias, por eso no entiendo esa costumbre de
representarnos siempre riendo y gozando. A mí me interesa mostrar el
desgarramiento y la tragedia, entiéndase que no la derrota ni el vacío.
«Esta película ya tiene el mayor premio al que pudo aspirar, y es haberla hecho.
Vale decir que nos dejaron hacer con toda la libertad y la confianza del mundo».
Luego habrá tiempo para consideraciones y quizá cuestionamientos de otro orden,
pero ahora mismo, todavía bajo el influjo de El Benny, impactante en muchos
sentidos, y que estará compitiendo en el importante festival de Locarno (Suiza)
y luego continuará su gira de presentaciones en numerosos eventos
internacionales, vale agradecer la osadía de sus hacedores, el buen rumbo que
tomaron sus talentos, decididos a crear una obra poderosa, sensible,
perfeccionista y competitiva.
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FICHA TÉCNICA Y
REPARTO
Algunos datos sobre la ficha técnica y el reparto de El Benny:
dirección: Jorge Luis Sánchez; guión: Abrahán Rodríguez y Jorge Luis
Sánchez; dirección de fotografía: José Manuel Riera; edición: Manuel
Iglesias; música: Juan Manuel Ceruto; dirección de arte: Erick Grass.
Reparto: Renny Arozarena (Benny Moré); Enrique Molina (Olimpio); Carlos
Ever Fonseca (Angeluis); Mario Guerra (Monchy); Limara Meneses (Aida);
Isabel Santos (Maggie); Salvador Wood (Abuelo); Laura de la Uz (Irene);
y Kike Quiñones (Pedrito); entre otros. |
*Tomado de Juventud Rebelde
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