El
Benny camina por el Prado con su sombrero y bastón. El proyecto del
destacado escultor José Villa, anunciado unos meses antes, es una
realidad desde el 27 de noviembre del 2004.
Hasta la intersección del Prado y la calle San Fernando acudieron los
cienfuegueros para presenciar la emblemática figura fundida en bronce,
de quien se ha dicho “llevaba dentro de sí el alma de su pueblo hecha
música”.
Su inauguración nos remontó a los 40 y 50, años de esplendor del bardo
lajero. En autos y atuendos propios de la época llegaron al escenario
de la grata velada, parejas de jóvenes artistas que bailaron al compás
de piezas tan conocidas como la que recuerda a Cienfuegos, la ciudad
que más gustó al Bárbaro del Ritmo.
El propio Villa, junto a autoridades de la provincia develaron la
estatua de un metro y 82 centímetros de alto, erigida a ras del piso
de la más importante arteria de la ciudad. De esta forma se suma al
fruto del genio creador de quien ha perpetuado las imágenes de
personalidades como Ernest Hemingway, Cantinflas, Madre Teresa de
Calcuta, John Lennon o El Caballero de París.
La Banda de música de Santa Isabel de Las Lajas y Simeón Moré, su
primo, dejaron escuchar una vez más las notas de la famosa canción
dedicada a su “rincón querido” , donde había nacido Bartolomé
Maximiliano el 24 de agosto de 1919, el intérprete vocal más completo
de la música bailable cubana.
Rodeado de una atmósfera acogedora, matizada siempre por las populares
canciones que lo inmortalizan ante su pueblo, el Benny se convirtió
desde la noche de ese sábado en un distinguido transeúnte de la
ciudad.
A una morena que estaba a mi lado le oí decir: “Ya tienen los
visitantes un motivo más para recordar a Cienfuegos”.
Y creo que lleva razón. Prado arriba camina Benny Moré, como dándole
la más cordial bienvenida musical a todos los que arriben a la Perla
del Sur.