Los dioses mueren jóvenes

Por: Yudith López y Karenia Pieri

 

     

Benny Moré, figura emblemática de la música cubanaUna larga lista de adjetivos acuden al intentar describir la genialidad de Bartolomé Maximiliano Moré y Benítez o Benny como todos lo conocen. Interminables son los calificativos que valoran la obra de quien logró traducir a su propio lenguaje gran parte de los estilos y tendencias musicales que surgieron en Cuba a mediados del siglo XX.

Su carrera como solista comenzó en México en 1947, donde consolidó una manera única de sonear improvisando.

 Con innata intuición musical podía cantar desde una picaresca guaracha hasta un amoroso bolero, pasar de un cadencioso son montuno al vigor rítmico de un merengue, de una plana hasta un porro, incluso hasta acometer un sincopado mambo.

Benny Moré poseía una voz de gran riqueza tímbrica, flexible y voluptuosa, delgada y de cierto énfasis nasal, de grandiosa ductilidad estilística. Era una rara combinación de los elementos  africanos y campesinos.

Teatros como el Margo, el Prado, y el Lírico de México lo vieron crecer y convertirse en el cantante más fabuloso de la época. Sus discos abarrotaron los mercados de Venezuela, Panamá, Colombia, Brasil, Puerto Rico, pero el Bárbaro del Ritmo era ciento por ciento cubano y por tal motivo siempre llevó su música al pueblo que lo vio nacer.

Creador de la Banda Gigante, una de las orquestas más populares en los salones de baile en la década del 50, logró eternizar temas tales como Santa Isabel de las Lajas, Mi Saoco, entre otros sones engrandecidos por obra y gracia de un enorme sabor a la hora de trabajar la Jazzband.

A los 48 años de su muerte, el Sonero Mayor se mantiene como uno de los símbolos más sólidos de la cultura cubana, cuyo estilo no se puede perpetuar porque implica ruptura, es clímax y final, paradigma que invalida la continuación y conmina a la búsqueda de otras vías expresivas totalmente diferentes.

Benny Moré se hizo inmortal. Vive en el recuerdo de aquella generación que presenció su último concierto en el municipio cienfueguero de Palmira, en aquellos que una vez disfrutaron su arte y en los que hoy lo saludan cada mañana poniendo flores en las manos de la estatua de bronce que le rinde tributo en medio del Prado sureño. La muerte llegó temprano, pero aunque los dioses mueran jóvenes siguen siendo dioses. 

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