El cosmos bajo el agua: así es como aprenden los cosmonautas a caminar en el espacio

El camino de los cosmonautas de la agencia espacial de Rusia hacia el espacio exterior comienza en el hidrocosmos. En este enorme laboratorio bajo el agua es donde se entrenan las futuras misiones de Roscosmos.

El camino de los cosmonautas de la agencia espacial de Rusia hacia el espacio exterior comienza en el hidrocosmos. En este enorme laboratorio bajo el agua es donde se entrenan las futuras misiones de Roscosmos.

Después de que el cosmonauta soviético Yuri Gagarin volara al espacio por primera vez el 12 de abril de 1961, la Tierra pasó a conocerse como el planeta azul. Se la empezó a llamar así debido a que los océanos y mares que cubren más de un 70% de su superficie le dan este color, tal como lo constató el primer ser humano en viajar al cosmos.

A día de hoy, para participar en una misión espacial y ver el agua de nuestro planeta convertido en una pequeña esfera azul es necesario, ante todo, bucear. Sin embargo, no en los mares ni océanos, sino en una gigantesca piscina especial en el Centro de Entrenamiento de Cosmonautas Yuri Gagarin, ubicado en las afueras de Moscú. Se trata del hidrocosmos.

Pese a que fue también un astronauta de la URSS —Alexéi Leónov— quien realizó la primera caminata espacial en 1965, las salidas al espacio exterior solo se convirtieron en una práctica frecuente de la cosmonáutica soviética a finales de los años 1970. Justamente por esta razón, en 1980, se inauguró el hidrocosmos, en donde hasta en la actualidad se practican las actividades extravehiculares (AEV).

«Salir al espacio cada vez como si fuera la primera vez, como lo hizo Alexéi Leónov, ya no es correcto. Por eso, el hidrolaboratorio es un factor clave que permite preparar a los cosmonautas para las salidas al cosmos», afirmó Pável Vlásov, director del Centro Yuri Gagarin.

Según los cosmonautas que han realizado caminatas espaciales, las sensaciones en el espacio exterior y en el hidrocosmos son similares en un 95%. En este enorme laboratorio submarino, que recién se ha sometido a una extensa reforma, ya se han realizado más de 5.000 inmersiones. Cinco mil es también la cantidad de metros cúbicos de agua en su interior.
En el fondo de este tanque, cuya profundidad es equivalente a la altura de un edificio de cuatro pisos, se encuentra una plataforma especial en la que, en su momento, se instalaron réplicas de las antiguas estaciones espaciales Salyut y Mir. Hoy, contiene una réplica en tamaño real de los módulos de la Estación Espacial Internacional (EEI).

En las simulaciones llevadas a cabo en el hidrocosmos, los encargados de pruebas, los futuros cosmonautas y los ya experimentados se visten con una versión adaptada del traje espacial Orlan, utilizado en las AEV. En términos de características mecánicas, la escafandra de entrenamiento en hidroingravidez prácticamente no difiere del atuendo real, con la excepción de que no cuenta con la parte electrónica debido a que se sumerge en agua.

Sin embargo, al contrario de lo que sucede en condiciones reales de ingravidez, desplazarse por cuenta propia bajo el agua en el interior del traje Orlan, que pesa cerca de 200 kilogramos, exige mucho esfuerzo. Por lo tanto, un equipo de buzos especialmente entrenados ayuda los cosmonautas a moverse.»Es duro (…) ya que cada movimiento bajo el agua no es completamente ergonómico, gastas bastante energía, te cansas muchísimo, sudas, bajas de peso, se te cansan las manos, la cintura escapular. Pero después, a lo largo del entrenamiento… en el primer, segundo, quinto, décimo entrenamiento se vuelve más fácil», compartió el piloto-cosmonauta jubilado Yuri Gidzenko.

Las salidas al hidrocosmos son tan extremas que no es raro que un cosmonauta llegue a adelgazar, como mencionó Gidzenko. En una sesión de entrenamiento, que puede durar en promedio de tres a cinco horas, pueden bajar hasta cuatro kilogramos. Para garantizar la seguridad de los que participan en las simulaciones, los especialistas en el interior de la piscina cuentan con la asistencia de un equipo médico que, desde fuera del agua, monitorea la frecuencia cardíaca, presión y temperatura de cada uno.

Después de cada entrenamiento, la estación espacial submarina es elevada a la superficie hasta que queda completamente fuera del agua. En este estado suspendido es que la réplica de la EEI permanece hasta su próximo uso. Después de secarse, los ingenieros realizan los cambios necesarios para adecuarla a los siguientes entrenamientos del Centro Yuri Gagarin.

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